DÍA MUNDIAL DE LA PROTECCIÓN DE LA NATURALEZA
El desafío urgente de salvaguardar nuestro hogar en la era del Cambio Climático
Cada 18 de octubre se celebra el Día Mundial de la Protección de la Naturaleza, una fecha establecida por las Naciones Unidas en 1972 con el propósito de sensibilizar a los gobiernos y a la sociedad civil sobre la necesidad apremiante de preservar los ecosistemas del planeta. A más de cinco décadas de su instauración, la urgencia de proteger el entorno natural no solo sigue vigente, sino que se ha convertido en una prioridad de supervivencia global.
Hoy nos enfrentamos a una triple crisis planetaria: el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación. Diversos informes de organismos internacionales respaldan la necesidad de actuar con inmediatez. De acuerdo con el Informe Planeta Vivo del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), las poblaciones de fauna silvestre sufrieron una disminución drástica del 73% en promedio entre 1970 y 2020. América Latina y el Caribe encabezan esta trágica estadística con una caída alarmante del 95%.
Por su parte, la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) advierte que actualmente hay cerca de 1 millón de especies animales y vegetales amenazadas de extinción, muchas de ellas en riesgo de desaparecer en cuestión de décadas si no se reducen las presiones antropogénicas. A esto se suma que el planeta sigue perdiendo millones de hectáreas de bosque primario tropical cada año, según datos de Global Forest Watch, lo que afecta directamente la absorción de carbono. Asimismo, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) confirma que la temperatura media global ya supera los 1,2 °C por encima de los niveles preindustriales, acercándose peligrosamente al límite de seguridad de los 1,5 °C fijado en el Acuerdo de París.
En la Argentina, la preservación ambiental atraviesa un escenario sumamente delicado, atravesado por debates normativos y proyectos de reformas legislativas que ponen en discusión el nivel de resguardo de zonas de alto valor ecológico.
Por un lado, las propuestas y modificaciones en torno a la Ley Nacional de Glaciares (Ley 26.639) generaron profunda preocupación en la comunidad científica y ambiental. Flexibilizar o redefinir la protección de las zonas periglaciales y el permafrost para permitir proyectos extractivos o mineros compromete la reserva de agua dulce más importante de las regiones áridas y semiáridas del país. Los glaciares no solo abastecen las cuencas hídricas en épocas de sequía, sino que cumplen un rol insustituible como reguladores del clima regional.
Por otro lado, la discusión respecto del Régimen de Protección al Dominio Nacional sobre la Propiedad de Tierras Rurales (Ley 26.737) pone de manifiesto un serio peligro latente. Los intentos por derogar o alterar esta ley para eliminar los topes a la extranjerización y concentración de la propiedad abren la puerta a que vastas superficies que contienen humedales, bosques nativos, fuentes de agua y zonas de frontera pasen a manos transnacionales sin condicionalidades socioambientales. Mantener vigentes y fortalecer estos marcos normativos resulta indispensable para asegurar la soberanía sobre los recursos y prevenir la fragmentación de ecosistemas frágiles.
Esta problemática local se entrelaza directamente con la Agenda 2030 de la ONU y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), donde la conservación de la naturaleza es la columna vertebral para garantizar un futuro habitable.
El ODS 15 (Vida de Ecosistemas Terrestres) es el corazón de esta conmemoración, enfocado en frenar la degradación de los suelos, detener la pérdida de biodiversidad y gestionar sosteniblemente los bosques nativos. Bajo este marco, el compromiso global Kunming-Montreal busca proteger al menos el 30 % de las zonas terrestres y marinas del planeta para el año 2030 (el objetivo 30×30).
A su vez, el ODS 14 (Vida Submarina) impulsa el cuidado de los océanos, los cuales producen más del 50 % del oxígeno del planeta y absorben cerca del 30 % del dióxido de carbono emitido por actividades humanas. Paralelamente, el ODS 13 (Acción por el Clima) destaca cómo los ecosistemas sanos —como glaciares, bosques y humedales— actúan como reguladores térmicos y sumideros naturales de carbono. Esta red se complementa con el ODS 6 (Agua Limpia y Saneamiento) mediante la protección de cuencas de agua potable, y el ODS 12 (Producción y Consumo Responsables) al promover modelos de economía circular que reduzcan la huella ecológica.
Proteger la naturaleza requiere voluntad política y marcos normativos robustos que pongan el bien común por encima de la especulación. Sin embargo, también exige un compromiso activo de la sociedad civil mediante el consumo consciente, la defensa de las leyes de protección ambiental, el apoyo a proyectos de restauración local y la visibilización de estos debates.
El Día Mundial de la Protección de la Naturaleza es un recordatorio urgente: no tenemos un planeta B. Defender nuestros ecosistemas, nuestros glaciares y nuestro suelo es la única garantía para nuestro propio bienestar y el de las generaciones futuras.