DÍA INTERNACIONAL DE LA PRESERVACIÓN DE LA CAPA DE OZONO
Hoy 16 de septiembre se conmemora el Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono, una fecha que la Asamblea General de las Naciones Unidas estableció en 1994 para recordar la firma del Protocolo de Montreal, ocurrida ese mismo día en 1987. Aquel acuerdo puso bajo control la producción y el consumo de más de cien sustancias químicas nocivas para el ozono atmosférico, y con el paso de las décadas se convirtió en uno de los tratados ambientales más exitosos de la historia, ya que todos los calendarios de eliminación previstos se cumplieron, e incluso muchos se adelantaron.
Este año está fecha tiene un doble motivo de celebración: se cumplen diez años de la Enmienda de Kigali, adoptada en 2016, que amplió el Protocolo de Montreal para reducir progresivamente los hidrofluorocarbonos (HFC), gases que no dañan directamente la capa de ozono pero que tienen un fuerte poder de calentamiento global por su uso extendido en refrigeración y climatización. Se estima que la implementación completa de esta enmienda podría evitar hasta 0,5 °C de calentamiento global hacia fin de siglo, una cifra que cobra especial relevancia frente a las olas de calor cada vez más frecuentes. Por eso, para este 2026 se eligió el lema «Acción global para un planeta más fresco», que busca poner en valor la relación entre la protección del ozono, la refrigeración eficiente y la lucha contra el cambio climático.
Los datos científicos más recientes confirman que la cooperación internacional funciona: el agujero de ozono registrado en 2025 fue el quinto más pequeño desde 1992, aunque los especialistas advierten que la recuperación plena todavía llevará tiempo, ya que se estima que la capa no volverá a los valores de 1980 hasta 2040, 2045 o incluso 2066 según la región del planeta. Si se mantienen las políticas vigentes, buena parte del planeta podría recuperar los niveles de 1980 hacia mediados de siglo.
Esta agenda se entrelaza directamente con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. La protección de la capa de ozono es una condición necesaria para el ODS 3 (Salud y Bienestar), porque una capa debilitada aumenta la exposición a la radiación ultravioleta y con ella los riesgos de cáncer de piel, cataratas y daños en los ecosistemas marinos. También dialoga con el ODS 13 (Acción por el Clima), ya que reducir los HFC es, al mismo tiempo, reducir el calentamiento global. La eliminación progresiva de sustancias contaminantes en la industria de la refrigeración conecta además con el ODS 12 (Producción y Consumo Responsables), al promover tecnologías más limpias y eficientes. Y el propio Protocolo de Montreal es, en sí mismo, un ejemplo del ODS 17 (Alianzas para lograr los Objetivos): pocas veces la comunidad internacional logró un consenso tan amplio y sostenido en el tiempo.
Desde la Organización para el Desarrollo Sustentable creemos que esta fecha no es solo un recordatorio histórico, sino una prueba concreta de que los acuerdos multilaterales basados en evidencia científica pueden torcer el rumbo de una crisis ambiental. El camino hacia la recuperación plena de la capa de ozono todavía exige constancia, financiamiento y voluntad política, pero demuestra que cuando los países acuerdan objetivos claros y los sostienen en el tiempo, es posible reparar el daño que le hicimos al planeta. Ese aprendizaje es, hoy, una hoja de ruta posible para enfrentar el desafío más grande que tenemos por delante: la crisis climática global.