DÍA INTERNACIONAL CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO
Hablar de cambio climático no es hablar del clima de la semana ni de una ola de calor aislada. El clima es el patrón promedio del tiempo atmosférico en una región durante décadas, y el cambio climático es la alteración de largo plazo de ese patrón: temperaturas medias que suben, lluvias que se redistribuyen, hielos que retroceden, mares que se calientan. El clima de la Tierra siempre cambió de forma natural, por variaciones solares o erupciones volcánicas, pero el cambio actual es distinto. Lo que lo distingue es su causa y su velocidad. El consenso científico, reflejado en los informes del IPCC (el panel de la ONU para el estudio del clima), es que la influencia humana sobre el calentamiento es inequívoca. Desde la Revolución Industrial, la quema de petróleo, gas y carbón, la deforestación y ciertas prácticas agrícolas liberan gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono y el metano, que retienen el calor del sol en la atmósfera, como una manta cada vez más gruesa.
Durante años, el límite de 1,5 °C del Acuerdo de París fue una advertencia sobre el futuro. Hoy es un dato del presente. El servicio europeo Copernicus confirmó que, por primera vez, el promedio de temperatura de tres años consecutivos (2023, 2024 y 2025) superó ese umbral respecto del nivel preindustrial. Los últimos once años son los once más cálidos jamás registrados. 2024 fue el récord, con 1,60 °C por encima, y 2025 quedó tercero con 1,47 °C. Hasta la Antártida tuvo su año más cálido y el Ártico, el segundo. Los científicos de Berkeley Earth advirtieron que el salto de estos tres años fue extremo y apunta a una aceleración del calentamiento. Copernicus estima que el límite de 1,5 °C podría alcanzarse antes de que termine esta década, más de diez años antes de lo previsto.
La causa se ve en la atmósfera. Según la Organización Meteorológica Mundial, en 2023 la concentración de dióxido de carbono llegó a 420 partes por millón, un nivel que la Tierra no registraba hace entre 3 y 5 millones de años. En dos décadas el CO₂ aumentó 11,4%, y ya son doce años seguidos con subas anuales superiores a 2 ppm. Desde 1990, el efecto de calentamiento de los gases de larga duración creció más de 51%, y casi el 81% de ese aumento corresponde al CO₂.
En este contexto se está fortaleciendo El Niño, un fenómeno natural del Pacífico que calienta las aguas y altera las lluvias y temperaturas en buena parte del mundo. No lo provoca el cambio climático, pero libera calor extra a un planeta que ya está sobrecalentado: los dos años récord recientes coincidieron con un Niño intenso, y Copernicus advirtió que si aparecía, 2026 podía volver a batir marcas. Es un ejemplo claro de lo que pasa cuando la variabilidad natural se superpone a un clima alterado por nosotros.
Detrás de cada décima de grado hay consecuencias concretas: olas de calor más largas, sequías e inundaciones más intensas, cultivos y ciudades bajo presión. Por eso los Objetivos de Desarrollo Sostenible no tratan el clima como un tema aislado. El ODS 13, Acción por el Clima, exige medidas urgentes, capacidad de adaptación y educación climática. Pero el clima atraviesa a los demás: el ODS 7 propone una energía asequible y limpia, que es la salida a la dependencia de los combustibles fósiles; el ODS 11 pide ciudades que resistan los eventos extremos; el ODS 2 busca proteger la producción de alimentos; el ODS 15 llama a cuidar bosques y suelos, que capturan carbono; y el ODS 17 recuerda que ningún país puede resolver esto solo.
Cada 24 de octubre, el Día Internacional contra el Cambio Climático nos recuerda que la ciencia ya hizo su parte: midió, advirtió y avisó con décadas de anticipación. Cada fracción de grado que logremos evitar se traduce en menos sequías, menos inundaciones y menos pérdidas. Lo que falta es decidir, y hacerlo a tiempo. Desde la Organización para el Desarrollo Sustentable creemos que enfrentar el cambio climático es una tarea que nos incluye a todos, y por eso renovamos nuestro compromiso de trabajar por una sociedad más informada, más consciente y más preparada, impulsando la Agenda 2030 desde lo local y promoviendo acciones concretas que estén al alcance de cada comunidad, de cada institución y de cada persona. Sabemos que los cambios de fondo empiezan por decisiones cotidianas, pero también por la construcción de alianzas y por la exigencia de políticas públicas a la altura del desafío. El tiempo para actuar es ahora.