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Organización para el Desarrollo Sustentable

DÍA MUNDIAL DEL AHORRO DE ENERGÍA

El Día Mundial del Ahorro de Energía se celebra cada 21 de octubre, desde 2012, por iniciativa del Foro Energético Mundial. La Argentina lo hace a partir de 2018. La fecha sirve para recordar la importancia de utilizar los recursos energéticos de manera responsable, reflexionar sobre nuestros hábitos y tomar medidas concretas hacia un futuro más sostenible. La efeméride invita a organismos gubernamentales, asociaciones civiles, empresas privadas y a los ciudadanos a difundir consignas y a emprender acciones a favor del acceso universal a la energía en el marco de una relación respetuosa con el ecosistema. 

Existen varias medidas que se pueden adoptar para ahorrar la energía en casa, como desenchufar dispositivos que no estén en uso, reducir el uso de artefactos eléctricos, elegir aparatos de mayor eficiencia energética, apagar las luces, darse duchas rápidas y controlar la temperatura ambiente. Pero, ¿cómo cuidar y ahorrar energía fuera del hogar? 

1. Regular la calefacción y el aire acondicionado 

Ajustar el termostato a una temperatura confortable, utilizar ropa de abrigo y reducir la calefacción durante la noche permite ahorrar energía. También es recomendable calentar únicamente los espacios que se utilizan habitualmente y apagar la calefacción o el aire acondicionado cuando no se está en casa. Bajar el termostato solo 1 °C puede reducir alrededor de un 7 % el consumo de energía destinado a calefacción. 

2. Caminar o utilizar la bicicleta 

Para realizar trayectos cortos, caminar o andar en bicicleta son alternativas sostenibles que permiten reducir las emisiones contaminantes, ahorrar energía y disminuir la congestión vehicular. 

El uso de la bicicleta requiere medidas de seguridad, como cascos e iluminación para garantizar la visibilidad durante la noche. También es importante contar con carriles bici o bicisendas que protejan a los usuarios. En este sentido, las políticas públicas que promueven la movilidad sostenible y el desarrollo de infraestructura segura son fundamentales para fomentar estos hábitos y avanzar hacia ciudades más sustentables. 

3. Priorizar el transporte público y compartir el automóvil 

Para desplazamientos más largos, utilizar el transporte público, como autobuses y metros, contribuye a reducir el consumo de combustible y las emisiones de carbono por pasajero. Otra alternativa es compartir el automóvil con familiares, amigos o

compañeros de trabajo, lo que permite ahorrar dinero y disminuir la cantidad de vehículos en circulación. 

La promoción de un transporte público accesible, eficiente y conectado es clave para el desarrollo sostenible. Por ello, la planificación urbana y las políticas gubernamentales deben favorecer alternativas de movilidad que reduzcan la dependencia del automóvil particular. 

4. Conducir de manera eficiente 

Conducir suavemente, mantener una velocidad moderada, revisar la presión de los neumáticos, elegir rutas con menos tráfico y realizar el mantenimiento periódico del vehículo permite reducir el consumo de combustible y prolongar su vida útil. 

Al momento de adquirir un automóvil, también se puede considerar un vehículo eléctrico, que puede contribuir a disminuir las emisiones de carbono durante su utilización. La expansión de esta alternativa requiere infraestructura de carga y 

políticas que acompañen la transición hacia formas de movilidad menos contaminantes. 

Por lo tanto, el desarrollo sostenible requiere tanto el compromiso individual como la acción colectiva. Adoptar hábitos cotidianos de ahorro energético y uso responsable de los recursos, junto con políticas públicas eficaces, infraestructura adecuada y campañas de concientización, permiten reducir el impacto ambiental y mejorar la calidad de vida de la población. Por ello, es fundamental que la ciudadanía y el Estado trabajen conjuntamente para impulsar cambios duraderos que favorezcan el uso responsable de los recursos y la protección del ambiente. 

Energía limpia y desarrollo sostenible: no dejar a nadie atrás 

La energía afronta un doble desafío: garantizar el acceso a una energía segura y asequible para todas las personas y proteger el planeta. En este sentido, las energías limpias son fundamentales para reducir las emisiones contaminantes, combatir el cambio climático y ampliar el acceso a la electricidad en comunidades que carecen de fuentes de energía confiables. 

Actualmente, millones de personas en el mundo todavía no tienen acceso a la electricidad. Esta situación afecta especialmente al África subsahariana y limita el desarrollo de las comunidades vulnerables. La falta de un suministro energético seguro dificulta el acceso a la educación, la atención médica y las oportunidades económicas, perpetuando así las desigualdades y la pobreza.

Además, más de 1.500 millones de personas que viven en zonas rurales continúan utilizando métodos de cocción inseguros e ineficientes, como la quema de leña o estiércol, que perjudican la salud y el ambiente. 

Frente a esta realidad, el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 7: Energía asequible y no contaminante busca garantizar, para 2030, el acceso universal a una energía asequible, fiable, sostenible y moderna. Sin embargo, a pesar de los avances alcanzados, todavía es necesario acelerar los esfuerzos para cumplir esta meta. 

Como aspecto positivo, la capacidad instalada de energías renovables por habitante continúa creciendo en los países en desarrollo. Este progreso demuestra que la transición energética es posible, aunque requiere inversiones, políticas públicas y cooperación internacional para que sus beneficios lleguen a todas las comunidades. 

En conclusión, la energía limpia no solo es esencial para combatir el cambio climático, sino también para promover la igualdad de oportunidades, mejorar la calidad de vida y reducir la pobreza. Alcanzar el ODS 7 implica avanzar hacia un modelo energético sostenible e inclusivo, en el que el acceso a la energía no sea un privilegio, sino un derecho garantizado para todas las personas, sin dejar a nadie atrás.

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