DÍA MUNDIAL DE LOS HUMEDALES
Hoy, 2 de febrero, se conmemora el Día Mundial de los Humedales, el lema de este año es “Los humedales y los conocimientos tradicionales: celebremos el patrimonio cultural”
Hay que saber que esta no es una fecha más en el calendario ambiental: es un recordatorio incómodo y necesario de esos territorios que muchas veces vemos como “tierra improductiva”, “pantano” o “lugar a rellenar”, cuando en realidad sostienen la vida.
¿Pero de que hablamos cuando mencionamos a los Humedales?
Los humedales son ecosistemas donde el agua es protagonista, no siempre están inundados o no siempre se ven iguales. Pueden ser ríos y deltas, esteros, lagunas, bañados, marismas, turberas. Estos son zonas donde el agua, la tierra y la biodiversidad conviven en equilibrio; funcionan como esponjas naturales: absorben excesos de lluvia, regulan inundaciones, recargan acuíferos y filtran contaminantes.
La protección de los humedales está directamente ligada a los Objetivos de Desarrollo Sostenible: garantizan agua limpia (ODS 6), ayudan a mitigar el cambio climático (ODS 13) y conservan la vida de los ecosistemas terrestres (ODS 15).
En los humedales viven miles de especies: aves, peces, anfibios, insectos, mamíferos, plantas únicas. Y también comunidades humanas que dependen de ellos para vivir, producir y sostener culturas enteras.
¿Por qué se conmemora un 2 de febrero?
Este día se recuerda porque un 2 de febrero de 1971 se firmó el Convenio Ramsar, el primer tratado internacional para la protección de humedales. Medio siglo después, la deuda sigue abierta: el mundo perdió más del 35% de sus humedales en apenas 50 años.
En Argentina, los humedales ocupan aproximadamente el 21% del territorio nacional, esto no es poco. Algunos de los más conocidos son el Delta del Paraná, los Esteros del Iberá, la Laguna de Mar Chiquita, el Bañado La Estrella, la Cuenca del Salado, los humedales patagónicos y los altoandinos. Cada uno distinto, cada uno vital.
¿El problema? Que siguen siendo degradados, incendiados, rellenados, contaminados. Avance inmobiliario, extractivismo, monocultivos, obras mal planificadas. Y una falta persistente de políticas públicas que los protejan de manera integral.
Proteger los humedales no es un capricho ambientalista. Es proteger el agua, la biodiversidad, la producción sostenible, el equilibrio climático y la vida de las generaciones que vienen. Sin humedales sanos, no hay futuro posible.
Defender los humedales es defender la posibilidad misma de habitar este territorio.